Examinamos el desarrollo de movimiento en el primer año de vida de un bebé, sentimos cómo nuestra experiencia embrionaria, fetal y de infante han contribuido a nuestro actual sentido del yo y aplicamos los principios de desarrollo a la educación somática motora.
Vivenciamos estos patrones de desarrollo y observamos cómo nuestra propia historia nos ha creado hábitos de movimiento que se traducen en comportamiento y pensamiento.